Entre el 50 y el 77% de las personas obesas padece apnea del sueño

Entre las patologías asociadas a la obesidad destaca la apnea del sueño, una de las más prevalentes y más graves de la enfermedad, que afecta a entre el 50 y el 77% de pacientes obesos, según datos de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

La importancia de la apnea en estas personas radica, sobre todo, en los efectos adversos cardiovasculares que conlleva, tales como cardiopatía isquémica, ictus o insuficiencia cardiaca.

La obesidad es una enfermedad crónica en la que el problema no es sólo el elevado peso corporal sino el impacto que el aumento del tejido graso tiene sobre prácticamente todos los órganos de cuerpo. “Sin duda, alteraciones metabólicas como la diabetes son las más conocidas, así como la hipertensión o la dislipemia”, informa el coordinador del Grupo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la SEMI, Javier Carrasco.

Sin embargo, “no hay que olvidar otras alteraciones que afectan a la calidad de vida de los pacientes”, como el hipogonadismo masculino, la infertilidad o la afectación osteoarticular que “limita y mucho la vida del paciente con obesidad”, comenta el especialista.

Una persona se considera obesa cuando su índice de masa corporal (IMC) se sitúa por encima de 30. La prevalencia de la apnea del sueño en estos pacientes “se cuadriplica por cada cinco puntos que aumenta el IMC”, advierten desde la sociedad.

En este sentido, la apnea del sueño no es ni de lejos la única consecuencia de la obesidad, el hígado graso también lo es por el exceso de grasa corporal, y lo padecen entre el 20 y el 46% de las personas en países occidentales. “Suele ir asociado a una elevada resistencia insulínica y tan solo un 7% de las personas con normopeso lo padecen”, argumenta Carrasco.

Tanto la apnea del sueño como el hígado graso no alcohólico mejoran “de forma considerable” con la pérdida de peso, pudiendo llegar a desaparecer con pérdidas de peso importantes “como las que se consiguen a través de la cirugía bariátrica”, asevera el especialista.

Carrasco describe la diabesidad como “una de las grandes epidemias de nuestros días”. Se trata de la conjunción de dos patologías que destacan por su prevalencia en la actualidad, la diabetes y la obesidad, y que suelen ir de la mano. Así, se estima que más del 80% de los pacientes diabéticos tienen sobrepeso y hasta un 60% son obesos, alertan desde la SEMI.

Si se analizan de forma individualizada los datos no mejoran, ya que la prevalencia de la obesidad en España se sitúa alrededor del 23%. El sedentarismo y el alejamiento progresivo de la dieta mediterránea y la cocina tradicional “han dado lugar a una dieta basada en productos precocinados, alimentos envasados y comida rápida que favorece esta enfermedad”, señala Carrasco.

Además, los niños y adolescentes también se ven afectados por esta patología, ya que la obesidad infantil afecta a casi un 30% de los niños. La prevención de esta epidemia “pasa por volver a los hábitos de comida tradicionales, caminar hasta el trabajo o el colegio, jugar en la calle y promover la alimentación saludable en colegios y otros lugares públicos”, insiste.

Por su parte, la diabetes es una enfermedad que afecta a pacientes de todas las edades, aunque “probablemente, su origen empiece en la infancia con malos hábitos alimenticios y poco ejercicio”, por ello, la educación es “la mejor arma para abordar la prevención”, expone el experto. Ya en la edad adulta la diabetes es especialmente frecuente en pacientes con sobrepeso y otros factores de riesgo cardiovascular como el tabaco, la dislipemia y la hipertensión arterial.