La tasa de mortalidad asociada al cáncer de tiroides en España se ha reducido pero aumenta su incidencia

Los principales factores de riesgo de aparición de este cáncer son la exposición a radiaciones ionizantes en la infancia, el déficit de yodo o el componente genético.

La incidencia del cáncer de tiroides en España ha aumentado, pero la tasa de mortalidad asociada ha disminuido debido, sobre todo, al diagnóstico temprano y los avances terapéuticos. Así lo ha asegurado el endocrinólogo de la Clínica Universidad de Navarra y responsable del Grupo de Cáncer de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), Juan Carlos Galofré.

Cada año se diagnostican 2,1 casos por cada 100.000 habitantes, una cifra que se triplica entre las mujeres, colectivo que registra 6 casos por cada 100.000 habitantes. Se trata, por tanto, de un tumor que, aunque es poco frecuente –representa entre el 1 y el 2% del total de cánceres–, es el “más común” dentro de las neoplasias malignas que tienen su origen en órganos endocrinos, ya que supone más del 92% de ellos.

Ahora bien, el pronóstico del cáncer de tiroides varía según el tipo del que se trate. “Existen cuatro tipos de cáncer de tiroides, de mejor a peor pronóstico: papilar, folicular de tiroides, carcinoma medular de tiroides y anaplásico. Cada uno de estos tipos tiene una evolución clínica y un pronóstico diferente, y afectan a un amplio espectro de la población, desde la infancia hasta edades adultas”, ha comentado la doctora del servicio de Endocrinología del Hospital Universitario La Paz de Madrid, Cristina Álvarez Escolá.

Además, los principales factores de riesgo de aparición de este cáncer son la exposición a radiaciones ionizantes en la infancia, el déficit de yodo o el componente genético. De hecho, Galofré ha informado de que en algunos cánceres del subtipo medular, los antecedentes familiares indican que existe un 50% de predisposición de presentar la misma patología.

Para estos casos, el desarrollo del estudio genético ha posibilitado detectar la mutación familiar y estudiar a los familiares de primer grado. “Este estudio se lleva a cabo en toda la familia y permite realizar tratamientos profilácticos que evitan el desarrollo del cáncer. En algunos casos se llega a recomendar extirpar el tiroides de modo precoz incluso en los niños menores de 5 años”, ha recalcado el experto.

Al mismo tiempo, el estudio citológico convencional diagnostica de forma precisa la mayoría de los nódulos tiroideos que se someten a un estudio de punción aspiración con aguja fina (PAAF). “Aproximadamente un 20% de los casos el estudio citológico convencional es incapaz de discernir entre un nódulo maligno o benigno (citología indeterminada)”, ha comentado el doctor del departamento de Endocrinología del Hospital Universitario de Móstoles, Garcilaso Riesco Eizaguirre.

La mayoría de los nódulos con citología indeterminada son benignos, pero los pacientes tienen que ser sometidos a una cirugía (tiroidectomía) para poder diagnosticarlos. Es en estos casos donde los marcadores moleculares pueden jugar un papel importante y establecer qué pacientes deben ser operados y cuáles no.

Actualmente existen dos tipos de marcadores moleculares. Uno de ellos está basado en el análisis de las mutaciones más frecuentes asociadas al cáncer de tiroides. En dicho “panel de mutaciones” se analizan un total de diecisiete mutaciones en cuatro genes distintos (BRAF, RAS, RET/PTC y PPAR/PAX8). “La presencia de una sola mutación está asociada a un elevado riesgo de malignidad de los nódulos tiroideos (tiene un alto valor predictivo positivo) y los pacientes deben ser sometidos a una tiroidectomía”, ha explicado Riesco Eizaguirre.

Por otra parte, el segundo tipo de marcador molecular está basado en el análisis de 142 genes cuya expresión se altera en la célula tiroidea maligna. Este “clasificador génico” establece un perfil de expresión génica que predice qué nódulos van a ser benignos con una alta fiabilidad (tiene un alto valor predictivo negativo) y previene a los pacientes de ser sometidos a una cirugía diagnóstica.

Respecto al avance que supone la determinación de estos marcadores, este experto ha explicado que ya que la mayoría de los nódulos indeterminados son benignos, la consecuencia directa de aplicar estos nuevos marcadores moleculares es la “no necesidad de hacer tiroidectomías en muchos de estos pacientes, con lo que supone de beneficio en la morbilidad asociada a la cirugía tiroidea así como el ahorro en el gasto sanitario”.

Por otra parte, y debido al buen pronóstico y el lento crecimiento del cáncer papilar y folicular de tiroides, los tratamientos para este tipo de neoplasia difieren en gran medida de los tratamientos de otros tumores. La quimioterapia, que ataca a las células tumorales que crecen rápidamente, apenas tiene eficacia en el cáncer de tiroides.

“Tras la extirpación quirúrgica del tiroides se administra yodo radioactivo, cuya dosificación cada vez se ajusta más a las necesidades de cada persona. Mientras que esto es suficiente para algunos pacientes, en los casos en los que no hay respuesta a la terapia con radioyodo existen otras opciones terapéuticas novedosas”, ha apostillado Galofré.

A este respecto, Riesco Eizaguirre ha destacado el avance que está suponiendo el estudio molecular de estos tumores, con el fin de detectar cuáles son las anomalías que ponen en marcha el desarrollo y crecimiento de los mismos y determinar un distinto comportamiento clínico y una respuesta distinta al tratamiento.