Tratan la anorexia nerviosa grave con el implante de un “marcapasos” cerebral (Lancet)

La estimulación profunda del cerebro (DBS, por sus siglas en inglés), técnica que consiste en implantar en el cerebro un dispositivo similar a un marcapasos, podría ayudar a las personas con anorexia severa que no se han beneficiado de otros tratamientos. En un estudio en el que participaron seis pacientes, cinco mostraron mejoras en el estado de ánimo y vieron reducido su Índice de Masa Corporal (IMC), lo que lleva a los investigadores a confiar en que un ensayo algo mayor confirme la eficacia de esta técnica.

La DBS se utiliza actualmente para el tratamiento de varios trastornos neurológicos, entre los que se incluyen la enfermedad de Parkinson y el dolor crónico, y se hay investigaciones en marcha sobre su uso para el tratamiento de otros trastornos, como la depresión y la epilepsia. Ésta es la primera vez que se ha utilizado para tratar a pacientes con anorexia grave que no han respondido a otros tratamientos.

Los autores del estudio, pertenecientes al Centro de Neurociencia y la Red Universitaria de Salud Krembil, en Canadá, y entre los que se cuenta el neurólogo sevillano Andrés Lozano, usaron imágenes por resonancia magnética (IRM) para identificar, en el cerebro de las pacientes, el cuerpo calloso, el cerebro grueso manojo de fibras nerviosas que divide los lados izquierdo y derecho del cerebro, y que se ha utilizado anteriormente para DBS en pacientes con depresión, según publica la revista “The Lancet”.

Una vez identificada esta área, se procedió a la implantación en las pacientes de los electrodos, que se conectaron a un generador de impulsos colocado bajo la piel. El dispositivo se activó diez días después de su implantación y, a partir de entonces, los científicos midieron los cambios agudos en el estado de ánimo de las pacientes y los niveles de ansiedad para determinar el nivel correcto de estimulación.

Las pacientes, con edades comprendidas entre los 24 y los 57 años, venían sufriendo anorexia desde hacía años (concretamente, un promedio de 18). El tratamiento parece ser relativamente seguro, ya que sólo hubo un evento adverso grave, un ataque que tuvo lugar cerca de dos semanas después de la operación inicial, y que estaba relacionado con un trastorno metabólico que el paciente sufría como consecuencia de su anorexia.

Nueve meses después de la implantación del dispositivo, tres de las seis pacientes habían logrado mantener un peso mayor que el que tenían antes del inicio del tratamiento, y cinco mostaron mejoras en el estado de ánimo o redujeron su comportamiento obsesivo-compulsivo.

Según el doctor Lozano, los resultados son particularmente alentadores. “La pérdida de peso inicial es un efecto primario de la estimulación cerebral profunda en el hambre, el apetito, o la tasa metabólica”.